No estéis con la preocupación de que me estáis robando el tiempo, porque el tiempo mejor empleado es el que se dedica a la santificación del alma del prójimo. Yo no tengo otro modo de agradecer la bondad del Padre celestial que cuando me presenta las almas a las que puedo ayudar de alguna forma. (Padre Pío; Buenos Días, 29 septiembre)

No estéis con la preocupación de que me estáis robando el tiempo, porque el tiempo mejor empleado es el que se dedica a la santificación del alma del prójimo. Yo no tengo otro modo de agradecer la bondad del Padre celestial que cuando me presenta las almas a las que puedo ayudar de alguna forma. (Padre Pío; Buenos Días, 29 septiembre)

No estéis con la preocupación de que me estáis robando el tiempo, porque el tiempo mejor empleado es el que se dedica a la santificación del alma del prójimo. Yo no tengo otro modo de agradecer la bondad del Padre celestial que cuando me presenta las almas a las que puedo ayudar de alguna forma. (Pa

Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo".  Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora. (Padre Pío; Buenos Días, 28 septiembre)

Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo". Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora. (Padre Pío; Buenos Días, 28 septiembre)

Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo". Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora. (Padre Pío; Buenos Días, 28 septiembre)

No te preocupes demasiado por la curación de tu corazón, porque esta angustia aumentaría la enfermedad. No te esfuerces demasiado en vencer tus tentaciones, pues esta violencia las fortificaría más aún. Desprécialas y no te obsesiones con ellas. (Padre Pío; Epistolario III, p. 503)

No te preocupes demasiado por la curación de tu corazón, porque esta angustia aumentaría la enfermedad. No te esfuerces demasiado en vencer tus tentaciones, pues esta violencia las fortificaría más aún. Desprécialas y no te obsesiones con ellas. (Padre Pío; Epistolario III, p. 503)

No te preocupes demasiado por la curación de tu corazón, porque esta angustia aumentaría la enfermedad. No te esfuerces demasiado en vencer tus tentaciones, pues esta violencia las fortificaría más aún. Desprécialas y no te obsesiones con ellas. (Padre Pío; Epistolario III, p. 503)

Quiera Dios que estas pobres criaturas se arrepintieran y volvieran de verdad a él. Con estas personas hay que ser de entrañas maternales y tener sumo cuidado, porque Jesús nos enseña que en el cielo hay más alegría por un pecador que se ha arrepentido que por la perseverancia de noventa y nueve justos.  Son en verdad reconfortantes estas palabras del Redentor para tantas almas que tuvieron la desgracia de pecar y que quieren convertirse y volver a Jesús. (Padre Pío; Epistolario III, p. 1082)

Quiera Dios que estas pobres criaturas se arrepintieran y volvieran de verdad a él. Con estas personas hay que ser de entrañas maternales y tener sumo cuidado, porque Jesús nos enseña que en el cielo hay más alegría por un pecador que se ha arrepentido que por la perseverancia de noventa y nueve justos. Son en verdad reconfortantes estas palabras del Redentor para tantas almas que tuvieron la desgracia de pecar y que quieren convertirse y volver a Jesús. (Padre Pío; Epistolario III, p. 1082)

Quiera Dios que estas pobres criaturas se arrepintieran y volvieran de verdad a él. Con estas personas hay que ser de entrañas maternales y tener sumo cuidado, porque Jesús nos enseña que en el cielo hay más alegría por un pecador que se ha arrepentido que por la perseverancia de noventa y nueve jus

Hay algo que no puedo soportar de ningún modo y es esto: Si tengo que hacer yo un reproche, estoy siempre dispuesto a hacerlo. Pero ver que otro lo hace, no lo puedo sufrir. Por eso, ver a otro humillado o mortificado me resulta insoportable. (Padre Pío; Buenos Días, 24 septiembre)

Hay algo que no puedo soportar de ningún modo y es esto: Si tengo que hacer yo un reproche, estoy siempre dispuesto a hacerlo. Pero ver que otro lo hace, no lo puedo sufrir. Por eso, ver a otro humillado o mortificado me resulta insoportable. (Padre Pío; Buenos Días, 24 septiembre)

Hay algo que no puedo soportar de ningún modo y es esto: Si tengo que hacer yo un reproche, estoy siempre dispuesto a hacerlo. Pero ver que otro lo hace, no lo puedo sufrir. Por eso, ver a otro humillado o mortificado me resulta insoportable. (Padre Pío; Buenos Días, 24 septiembre)

La vida no es otra cosa que una continua reacción contra uno mismo; y no se abre a la belleza, si no es a precio de sufrimiento. Manteneos siempre en compañía de Jesús en Getsemaní y él sabrá confortaros cuando os lleguen las horas de angustia. (Padre Pío; Buenos Días, 23 septiembre)

La vida no es otra cosa que una continua reacción contra uno mismo; y no se abre a la belleza, si no es a precio de sufrimiento. Manteneos siempre en compañía de Jesús en Getsemaní y él sabrá confortaros cuando os lleguen las horas de angustia. (Padre Pío; Buenos Días, 23 septiembre)

La vida no es otra cosa que una continua reacción contra uno mismo; y no se abre a la belleza, si no es a precio de sufrimiento. Manteneos siempre en compañía de Jesús en Getsemaní y él sabrá confortaros cuando os lleguen las horas de angustia. (Padre Pío; Buenos Días, 23 septiembre)

Soy todo de todos y de cada uno. Cada uno puede decir: "El Padre Pío es mío". Amo mucho a todos mis hermanos de este destierro. Amo a mis hijos espirituales igual que a mi alma y más todavía. Los he reengendrado para Jesús en el dolor y en el amor. Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales; más todavía, prometo decir al Señor, cuando me llame: "Señor, yo me quedo a la puerta del paraíso. Entraré cuando haya visto entrar al último de mis hijos".  Sufro mucho al no poder ganar a todos mis hermanos para Dios. En ocasiones, estoy a punto de morir de infarto de corazón al ver a tantas almas que sufren y no poder aliviarlas y a tantos hermanos aliados con Satanás. (Padre Pío; Buenos Días, 22 septiembre)

Soy todo de todos y de cada uno. Cada uno puede decir: "El Padre Pío es mío". Amo mucho a todos mis hermanos de este destierro. Amo a mis hijos espirituales igual que a mi alma y más todavía. Los he reengendrado para Jesús en el dolor y en el amor. Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales; más todavía, prometo decir al Señor, cuando me llame: "Señor, yo me quedo a la puerta del paraíso. Entraré cuando haya visto entrar al último de mis hijos". Sufro mucho al no poder ganar a todos mis hermanos para Dios. En ocasiones, estoy a punto de morir de infarto de corazón al ver a tantas almas que sufren y no poder aliviarlas y a tantos hermanos aliados con Satanás. (Padre Pío; Buenos Días, 22 septiembre)

Soy todo de todos y de cada uno. Cada uno puede decir: "El Padre Pío es mío". Amo mucho a todos mis hermanos de este destierro. Amo a mis hijos espirituales igual que a mi alma y más todavía. Los he reengendrado para Jesús en el dolor y en el amor. Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos e

Todos estamos llamados por el Señor a salvar almas y a preparar su gloria. El alma puede y debe propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de los hombres, llevando una vida cristiana, pidiendo incesantemente al Señor que "venga su reino y que no nos deje caer en tentación y nos libre del mal". Esto es lo que debe hacer también usted misma ofreciéndose del todo y continuamente al Señor con este fin. (Padre Pío; Epistolario II, p. 70)

Todos estamos llamados por el Señor a salvar almas y a preparar su gloria. El alma puede y debe propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de los hombres, llevando una vida cristiana, pidiendo incesantemente al Señor que "venga su reino y que no nos deje caer en tentación y nos libre del mal". Esto es lo que debe hacer también usted misma ofreciéndose del todo y continuamente al Señor con este fin. (Padre Pío; Epistolario II, p. 70)

Todos estamos llamados por el Señor a salvar almas y a preparar su gloria. El alma puede y debe propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de los hombres, llevando una vida cristiana, pidiendo incesantemente al Señor que "venga su reino y que no nos deje caer en tentación y nos libre del

Jesús y tu alma deben cultivar juntos la viña. A ti te toca el trabajo de quitar y transportar piedras, arrancar espinas. . . A Jesús, el de sembrar, plantar, cultivar, regar. Pero también en tu trabajo está la acción de Jesús. Sin él no puedes hacer nada. (Padre Pío; Buenos Días, 15 septiembre)

Jesús y tu alma deben cultivar juntos la viña. A ti te toca el trabajo de quitar y transportar piedras, arrancar espinas. . . A Jesús, el de sembrar, plantar, cultivar, regar. Pero también en tu trabajo está la acción de Jesús. Sin él no puedes hacer nada. (Padre Pío; Buenos Días, 15 septiembre)

Jesús y tu alma deben cultivar juntos la viña. A ti te toca el trabajo de quitar y transportar piedras, arrancar espinas. . . A Jesús, el de sembrar, plantar, cultivar, regar. Pero también en tu trabajo está la acción de Jesús. Sin él no puedes hacer nada. (Padre Pío; Buenos Días, 15 septiembre)

No te lamentarías jamás de las ofensas, vengan de donde vinieren, si recordaras que Jesús sufrió hasta la saciedad los oprobios de la malicia de los hombres, a los que había hecho tanto bien. Excusarías a todos con amor cristiano si tuvieras ante los ojos el ejemplo del divino Maestro que excusó ante su Padre incluso a los que lo crucificaron. (Padre Pío; Buenos Días, 14 septiembre)

No te lamentarías jamás de las ofensas, vengan de donde vinieren, si recordaras que Jesús sufrió hasta la saciedad los oprobios de la malicia de los hombres, a los que había hecho tanto bien. Excusarías a todos con amor cristiano si tuvieras ante los ojos el ejemplo del divino Maestro que excusó ante su Padre incluso a los que lo crucificaron. (Padre Pío; Buenos Días, 14 septiembre)

No te lamentarías jamás de las ofensas, vengan de donde vinieren, si recordaras que Jesús sufrió hasta la saciedad los oprobios de la malicia de los hombres, a los que había hecho tanto bien. Excusarías a todos con amor cristiano si tuvieras ante los ojos el ejemplo del divino Maestro que excusó ant

Enciende, Jesús, aquel fuego que viniste a traer a la tierra, para que, consumido por él, me inmole sobre el altar de tu caridad, como holocausto de amor, para que reines en mi corazón y en el corazón de todos; y de todos y de todas partes se eleve hacia ti un mismo cántico de alabanza, de bendición, de agradecimiento por el amor que nos has demostrado en el misterio de divinas ternuras de tu nacimiento. (Padre Pío; Epistolario IV, p. 869)

Enciende, Jesús, aquel fuego que viniste a traer a la tierra, para que, consumido por él, me inmole sobre el altar de tu caridad, como holocausto de amor, para que reines en mi corazón y en el corazón de todos; y de todos y de todas partes se eleve hacia ti un mismo cántico de alabanza, de bendición, de agradecimiento por el amor que nos has demostrado en el misterio de divinas ternuras de tu nacimiento. (Padre Pío; Epistolario IV, p. 869)

Enciende, Jesús, aquel fuego que viniste a traer a la tierra, para que, consumido por él, me inmole sobre el altar de tu caridad, como holocausto de amor, para que reines en mi corazón y en el corazón de todos; y de todos y de todas partes se eleve hacia ti un mismo cántico de alabanza, de bendición

Cuando Dios no te da dulzuras y suavidad, debes mantener el buen ánimo, comiendo con paciencia tu pan aunque sea duro, y cumpliendo tu deber sin ninguna recompensa por el momento. Haciéndolo así, nuestro amor a Dios es desinteresado; actuando de este modo, se ama y se sirve a Dios a costa nuestra; esto es lo propio de las almas más perfectas. (Padre Pío; Epistolario III, p. 282)

Cuando Dios no te da dulzuras y suavidad, debes mantener el buen ánimo, comiendo con paciencia tu pan aunque sea duro, y cumpliendo tu deber sin ninguna recompensa por el momento. Haciéndolo así, nuestro amor a Dios es desinteresado; actuando de este modo, se ama y se sirve a Dios a costa nuestra; esto es lo propio de las almas más perfectas. (Padre Pío; Epistolario III, p. 282)

Cuando Dios no te da dulzuras y suavidad, debes mantener el buen ánimo, comiendo con paciencia tu pan aunque sea duro, y cumpliendo tu deber sin ninguna recompensa por el momento. Haciéndolo así, nuestro amor a Dios es desinteresado; actuando de este modo, se ama y se sirve a Dios a costa nuestra; e