¿Qué otra cosa es la felicidad sino la posesión de toda clase de bienes que hace al hombre plenamente feliz? Pero ¿es posible encontrar en este mundo alguien que sea plenamente feliz? Seguro que no. El hombre habría sido él mismo si se hubiese mantenido fiel a su Dios. Pero como el hombre está lleno de delitos, es decir, lleno de pecados, no puede nunca ser plenamente feliz. Por tanto, la felicidad sólo se encuentra en el cielo. Allí no hay peligro de perder a Dios, ni hay sufrimientos, ni muerte, sino la vida sempiterna con Jesucristo. (Padre Pío; Buenos Días, 13 agosto)

¿Qué otra cosa es la felicidad sino la posesión de toda clase de bienes que hace al hombre plenamente feliz? Pero ¿es posible encontrar en este mundo alguien que sea plenamente feliz? Seguro que no. El hombre habría sido él mismo si se hubiese mantenido fiel a su Dios. Pero como el hombre está lleno de delitos, es decir, lleno de pecados, no puede nunca ser plenamente feliz. Por tanto, la felicidad sólo se encuentra en el cielo. Allí no hay peligro de perder a Dios, ni hay sufrimientos, ni muerte, sino la vida sempiterna con Jesucristo. (Padre Pío; Buenos Días, 13 agosto)

¿Qué otra cosa es la felicidad sino la posesión de toda clase de bienes que hace al hombre plenamente feliz? Pero ¿es posible encontrar en este mundo alguien que sea plenamente feliz? Seguro que no. El hombre habría sido él mismo si se hubiese mantenido fiel a su Dios. Pero como el hombre está lleno

Si hemos de tener paciencia para soportar las miserias de los demás, mucho más debemos soportarnos a nosotros mismos.  En tus infidelidades diarias, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando Jesús te vea humillado hasta el suelo, te alargará la mano y se preocupará él mismo de atraerte hacia sí. (Padre Pío; Buenos Días, 11 agosto)

Si hemos de tener paciencia para soportar las miserias de los demás, mucho más debemos soportarnos a nosotros mismos. En tus infidelidades diarias, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando Jesús te vea humillado hasta el suelo, te alargará la mano y se preocupará él mismo de atraerte hacia sí. (Padre Pío; Buenos Días, 11 agosto)

Si hemos de tener paciencia para soportar las miserias de los demás, mucho más debemos soportarnos a nosotros mismos. En tus infidelidades diarias, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando Jesús te vea humillado hasta el suelo, te alargará la mano y se preocupará él mismo de atraerte hacia s

La verdadera humildad del corazón es aquélla que, más que mostrarla, se siente y se vive. Ante Dios hay que humillarse siempre, pero no con aquella humildad falsa que lleva al abatimiento, y que produce desánimo y desesperación.  Hemos de tener un bajo concepto de nosotros mismos. Creernos inferiores a todos. No anteponer nuestro propio interés al de los demás. (Padre Pío; Buenos Días, 9 agosto)

La verdadera humildad del corazón es aquélla que, más que mostrarla, se siente y se vive. Ante Dios hay que humillarse siempre, pero no con aquella humildad falsa que lleva al abatimiento, y que produce desánimo y desesperación. Hemos de tener un bajo concepto de nosotros mismos. Creernos inferiores a todos. No anteponer nuestro propio interés al de los demás. (Padre Pío; Buenos Días, 9 agosto)

La verdadera humildad del corazón es aquélla que, más que mostrarla, se siente y se vive. Ante Dios hay que humillarse siempre, pero no con aquella humildad falsa que lleva al abatimiento, y que produce desánimo y desesperación. Hemos de tener un bajo concepto de nosotros mismos. Creernos inferiore

Yo no soy como me ha hecho el Señor, pues siento que me tendría que costar más esfuerzo un acto de soberbia que un acto de humildad. Porque la humildad es la verdad, y la verdad es que yo no soy nada, que todo lo que de bueno hay en mí es de Dios. Y con frecuencia echamos a perder incluso aquello que de bueno ha puesto Dios en nosotros. Cuando veo que la gente me pide alguna cosa, no pienso en lo que puedo dar sino en lo que no sé dar; y por lo que tantas almas quedan sedientas por no haber sabido yo darles el don de Dios.  El pensamiento de que cada mañana Jesús se injerta a sí mismo en nosotros, que nos invade por completo, que nos da todo, tendría que suscitar en nosotros la rama o la flor de la humildad. Por el contrario, he ahí cómo el diablo, que no puede injertarse en nosotros tan profundamente como Jesús, hace germinar con rapidez los tallos de la soberbia. Esto no es ningún honor para nosotros. Por eso tenemos que luchar denodadamente para elevarnos. Es verdad: no llegaremos nunca a la cumbre sin un encuentro con Dios. Para encontrarnos, nosotros tenemos que subir y él tiene que bajar. Pero, cuando nosotros ya no podamos más, al detenernos, humillémonos, y en este acto de humildad nos encontraremos con Dios, que desciende al corazón humilde. (Padre Pío; Buenos Días, 8 agosto)

Yo no soy como me ha hecho el Señor, pues siento que me tendría que costar más esfuerzo un acto de soberbia que un acto de humildad. Porque la humildad es la verdad, y la verdad es que yo no soy nada, que todo lo que de bueno hay en mí es de Dios. Y con frecuencia echamos a perder incluso aquello que de bueno ha puesto Dios en nosotros. Cuando veo que la gente me pide alguna cosa, no pienso en lo que puedo dar sino en lo que no sé dar; y por lo que tantas almas quedan sedientas por no haber sabido yo darles el don de Dios. El pensamiento de que cada mañana Jesús se injerta a sí mismo en nosotros, que nos invade por completo, que nos da todo, tendría que suscitar en nosotros la rama o la flor de la humildad. Por el contrario, he ahí cómo el diablo, que no puede injertarse en nosotros tan profundamente como Jesús, hace germinar con rapidez los tallos de la soberbia. Esto no es ningún honor para nosotros. Por eso tenemos que luchar denodadamente para elevarnos. Es verdad: no llegaremos nunca a la cumbre sin un encuentro con Dios. Para encontrarnos, nosotros tenemos que subir y él tiene que bajar. Pero, cuando nosotros ya no podamos más, al detenernos, humillémonos, y en este acto de humildad nos encontraremos con Dios, que desciende al corazón humilde. (Padre Pío; Buenos Días, 8 agosto)

Yo no soy como me ha hecho el Señor, pues siento que me tendría que costar más esfuerzo un acto de soberbia que un acto de humildad. Porque la humildad es la verdad, y la verdad es que yo no soy nada, que todo lo que de bueno hay en mí es de Dios. Y con frecuencia echamos a perder incluso aquello qu

Estoy seguro de que deseáis saber cuáles son las mejores humillaciones. Yo os digo que son las que nosotros no hemos elegido, o también las que nos son menos gratas, o mejor dicho, aquéllas a las que no sentimos gran inclinación; o, para hablar claro, las de nuestra vocación y profesión. ¿Quién me concederá la gracia, mis querídimas hijas, de que lleguemos a amar nuestra propia bajeza? Nadie lo puede hacer sino aquél que amó tanto la suya que para mantenerla  quiso morir. Y esto basta. (Padre Pío; Epistolario III, p. 568)

Estoy seguro de que deseáis saber cuáles son las mejores humillaciones. Yo os digo que son las que nosotros no hemos elegido, o también las que nos son menos gratas, o mejor dicho, aquéllas a las que no sentimos gran inclinación; o, para hablar claro, las de nuestra vocación y profesión. ¿Quién me concederá la gracia, mis querídimas hijas, de que lleguemos a amar nuestra propia bajeza? Nadie lo puede hacer sino aquél que amó tanto la suya que para mantenerla quiso morir. Y esto basta. (Padre Pío; Epistolario III, p. 568)

Estoy seguro de que deseáis saber cuáles son las mejores humillaciones. Yo os digo que son las que nosotros no hemos elegido, o también las que nos son menos gratas, o mejor dicho, aquéllas a las que no sentimos gran inclinación; o, para hablar claro, las de nuestra vocación y profesión. ¿Quién me c

Debes insistir principalmente en lo que es la base de la justicia cristiana y el fundamento de la bondad, es decir, en la virtud de la que Jesús, de forma explícita, se presenta como modelo; me refiero a la humildad. Humildad interior y exterior, y más interior que exterior, más vivida que manifestada, más profunda que visible. Considérate, mi queridísima hija, lo que eres en realidad: nada, miseria, debilidad, fuente sin límites y sin atenuantes de maldad, capaz de convertir el bien en mal, de abandonar el bien por el mal, de atribuirte el bien o justificarte en el mal, y, por amor al mismo mal, de despreciar al sumo Bien. (Padre Pío; Epistolario III, p. 713)

Debes insistir principalmente en lo que es la base de la justicia cristiana y el fundamento de la bondad, es decir, en la virtud de la que Jesús, de forma explícita, se presenta como modelo; me refiero a la humildad. Humildad interior y exterior, y más interior que exterior, más vivida que manifestada, más profunda que visible. Considérate, mi queridísima hija, lo que eres en realidad: nada, miseria, debilidad, fuente sin límites y sin atenuantes de maldad, capaz de convertir el bien en mal, de abandonar el bien por el mal, de atribuirte el bien o justificarte en el mal, y, por amor al mismo mal, de despreciar al sumo Bien. (Padre Pío; Epistolario III, p. 713)

Debes insistir principalmente en lo que es la base de la justicia cristiana y el fundamento de la bondad, es decir, en la virtud de la que Jesús, de forma explícita, se presenta como modelo; me refiero a la humildad. Humildad interior y exterior, y más interior que exterior, más vivida que manifesta

No os acostéis jamás sin haber examinado antes vuestra conciencia sobre cómo habéis pasado el día, y sin haber dirigido todos vuestros pensamientos a Dios, para hacerle la ofrenda y la consagración de vuestra persona y la de todos los cristianos. Ofreced además para gloria de su divina majestad el descanso que vais a tomar y no os olvidéis nunca del ángel custodio, que está siempre con vosotros. (Padre Pío; Epistolario II, p. 277)

No os acostéis jamás sin haber examinado antes vuestra conciencia sobre cómo habéis pasado el día, y sin haber dirigido todos vuestros pensamientos a Dios, para hacerle la ofrenda y la consagración de vuestra persona y la de todos los cristianos. Ofreced además para gloria de su divina majestad el descanso que vais a tomar y no os olvidéis nunca del ángel custodio, que está siempre con vosotros. (Padre Pío; Epistolario II, p. 277)

No os acostéis jamás sin haber examinado antes vuestra conciencia sobre cómo habéis pasado el día, y sin haber dirigido todos vuestros pensamientos a Dios, para hacerle la ofrenda y la consagración de vuestra persona y la de todos los cristianos. Ofreced además para gloria de su divina majestad el d

Hay algunas diferencias entre la virtud de la humildad y la del desprecio de uno mismo, porque la humildad es el reconocimiento de la propia bajeza; ahora bien, el grado más alto de la humildad consiste, no sólo en reconocer la propia bajeza, sino en amarla; a esto, pues, os exhorto yo. (Padre Pío; Epistolario III, p. 566)

Hay algunas diferencias entre la virtud de la humildad y la del desprecio de uno mismo, porque la humildad es el reconocimiento de la propia bajeza; ahora bien, el grado más alto de la humildad consiste, no sólo en reconocer la propia bajeza, sino en amarla; a esto, pues, os exhorto yo. (Padre Pío; Epistolario III, p. 566)

Hay algunas diferencias entre la virtud de la humildad y la del desprecio de uno mismo, porque la humildad es el reconocimiento de la propia bajeza; ahora bien, el grado más alto de la humildad consiste, no sólo en reconocer la propia bajeza, sino en amarla; a esto, pues, os exhorto yo. (Padre Pío;

Pidamos también nosotros a nuestro querido Jesús la humildad, la confianza y la fe de nuestra querida santa Clara; como ella, oremos fervorosamente a Jesús, entregándonos a él y alejándonos de los artilugios engañosos del mundo en el que todo es locura y vanidad. Todo pasa, sólo Dios permanece para el alma, si ésta ha sabido amarle de verdad. (Padre Pío; Epistolario III, p. 1092)

Pidamos también nosotros a nuestro querido Jesús la humildad, la confianza y la fe de nuestra querida santa Clara; como ella, oremos fervorosamente a Jesús, entregándonos a él y alejándonos de los artilugios engañosos del mundo en el que todo es locura y vanidad. Todo pasa, sólo Dios permanece para el alma, si ésta ha sabido amarle de verdad. (Padre Pío; Epistolario III, p. 1092)

Pidamos también nosotros a nuestro querido Jesús la humildad, la confianza y la fe de nuestra querida santa Clara; como ella, oremos fervorosamente a Jesús, entregándonos a él y alejándonos de los artilugios engañosos del mundo en el que todo es locura y vanidad. Todo pasa, sólo Dios permanece para

Os digo, además, que améis vuestra bajeza; y amar la propia bajeza, hijas mías, consiste en esto: si sois humildes, pacíficas, dulces, y mantenéis la confianza en los momentos de obscuridad y de impotencia, si no os inquietáis, no os angustiáis, no perdéis la paz por nada, sino que abrazáis estas cruces cordialmente –no digo precisamente con alegría sino con decisión y constancia- y permanecéis firmes en estas tinieblas. . . , actuando así, amaréis vuestra bajeza, porque ¿qué es ser objeto de bajeza sino estar en la obscuridad y en la impotencia? (Padre Pío; Epistolario III, p. 566)

Os digo, además, que améis vuestra bajeza; y amar la propia bajeza, hijas mías, consiste en esto: si sois humildes, pacíficas, dulces, y mantenéis la confianza en los momentos de obscuridad y de impotencia, si no os inquietáis, no os angustiáis, no perdéis la paz por nada, sino que abrazáis estas cruces cordialmente –no digo precisamente con alegría sino con decisión y constancia- y permanecéis firmes en estas tinieblas. . . , actuando así, amaréis vuestra bajeza, porque ¿qué es ser objeto de bajeza sino estar en la obscuridad y en la impotencia? (Padre Pío; Epistolario III, p. 566)

Os digo, además, que améis vuestra bajeza; y amar la propia bajeza, hijas mías, consiste en esto: si sois humildes, pacíficas, dulces, y mantenéis la confianza en los momentos de obscuridad y de impotencia, si no os inquietáis, no os angustiáis, no perdéis la paz por nada, sino que abrazáis estas cr

El Señor, para halagarnos, nos regala muchas gracias, y nosotros creemos tocar el cielo con la mano. Por el contrario, ignoramos que para crecer tenemos necesidad de pan duro; es decir, necesitamos cruces, pruebas, contradicciones. (Padre Pío; Buenos Días, 30 julio)

El Señor, para halagarnos, nos regala muchas gracias, y nosotros creemos tocar el cielo con la mano. Por el contrario, ignoramos que para crecer tenemos necesidad de pan duro; es decir, necesitamos cruces, pruebas, contradicciones. (Padre Pío; Buenos Días, 30 julio)

El Señor, para halagarnos, nos regala muchas gracias, y nosotros creemos tocar el cielo con la mano. Por el contrario, ignoramos que para crecer tenemos necesidad de pan duro; es decir, necesitamos cruces, pruebas, contradicciones. (Padre Pío; Buenos Días, 30 julio)

La vanagloria es un enemigo que acecha sobre todo a las almas que se han consagrado al Señor y que se han entregado a la vida espiritual; y, por eso, puede ser llamada con toda razón la tiña del alma que tiende a la perfección. Ha sido llamada con acierto por los santos carcoma de la santidad. (Padre Pío; Epistolario I, p. 396)

La vanagloria es un enemigo que acecha sobre todo a las almas que se han consagrado al Señor y que se han entregado a la vida espiritual; y, por eso, puede ser llamada con toda razón la tiña del alma que tiende a la perfección. Ha sido llamada con acierto por los santos carcoma de la santidad. (Padre Pío; Epistolario I, p. 396)

La vanagloria es un enemigo que acecha sobre todo a las almas que se han consagrado al Señor y que se han entregado a la vida espiritual; y, por eso, puede ser llamada con toda razón la tiña del alma que tiende a la perfección. Ha sido llamada con acierto por los santos carcoma de la santidad. (Padr

Debes tener siempre prudencia y amor. La prudencia pone los ojos, el amor pone las piernas. El amor, que pone las piernas, querría correr a Dios, pero su impulso para lanzarse hacia él es ciego y podría tropezar en ocasiones si no estuviese guiado por la prudencia que pone los ojos. La prudencia, cuando ve que el amor puede ser desenfrenado, le presta los ojos. (Padre Pío; Buenos Días, 26 julio)

Debes tener siempre prudencia y amor. La prudencia pone los ojos, el amor pone las piernas. El amor, que pone las piernas, querría correr a Dios, pero su impulso para lanzarse hacia él es ciego y podría tropezar en ocasiones si no estuviese guiado por la prudencia que pone los ojos. La prudencia, cuando ve que el amor puede ser desenfrenado, le presta los ojos. (Padre Pío; Buenos Días, 26 julio)

Debes tener siempre prudencia y amor. La prudencia pone los ojos, el amor pone las piernas. El amor, que pone las piernas, querría correr a Dios, pero su impulso para lanzarse hacia él es ciego y podría tropezar en ocasiones si no estuviese guiado por la prudencia que pone los ojos. La prudencia, cu

No os neguéis de ningún modo y por ningún motivo a practicar la caridad con todos; más aún, si se os presentan ocasiones propicias, ofrecerla vosotros mismos. Mucho agrada esto al Señor y mucho os debéis esforzar por hacerlo. (Padre Pío; Epistolario I, p. 1213)

No os neguéis de ningún modo y por ningún motivo a practicar la caridad con todos; más aún, si se os presentan ocasiones propicias, ofrecerla vosotros mismos. Mucho agrada esto al Señor y mucho os debéis esforzar por hacerlo. (Padre Pío; Epistolario I, p. 1213)

No os neguéis de ningún modo y por ningún motivo a practicar la caridad con todos; más aún, si se os presentan ocasiones propicias, ofrecerla vosotros mismos. Mucho agrada esto al Señor y mucho os debéis esforzar por hacerlo. (Padre Pío; Epistolario I, p. 1213)