Ánimo, mis Hermanos, no nos dejemos abatir por el pecado cometido, ni por ninguna ilusión, ni por las tentaciones del demonio. La ruta puede ser ruda y fangosa, pero Cristo, nuestro médico, nos ha dado un remedio para todas nuestras enfermedades: un bautismo de sangre y de fuego, en el que el alma purificada y lavada de todos sus pecados, consume y destruye las tentaciones e ilusiones del demonio. (…)
El hombre, en tanto vive en la prisión corruptible de su cuerpo, prueba una ley perversa, que lo invita y solicita siempre para el pecado, pero la humilde bondad de Dios le da un remedio continuo que fortifica su razón y su libertad. El remedio continuo es el fuego del Espíritu Santo, que no se apaga jamás y expande siempre su gracia y sus beneficios. Cada día podemos tener ese bondadoso bautismo que nos es dado por gracia y no por méritos.
Cuando el alma mira y ve en ella ese tesoro y ese fuego del Espíritu Santo, ella se llena tanto de amor a su Creador que renuncia a sí enteramente. (…) Ve y considera únicamente su nada y la bondad de Dios hacia ella. Ve que esa bondad infinita sólo quiere su bien y, entonces, su amor a Dios deviene perfecto. No tiene otro pensamiento, otro afecto, y no puede retener el impulso de su deseo. Corre sin pesos y sin ligaduras, ya que ha sido liberada de los obstáculos que podían detenerla.
Martes, 12 De Mayo : Santa Catalina de Siena
Written on 05/11/2026
