Todos estamos llamados por el Señor a salvar almas y a preparar su gloria. El alma puede y debe propagar la gloria de Dios y trabajar por la salvación de los hombres, llevando una vida cristiana, pidiendo incesantemente al Señor que "venga su reino y que no nos deje caer en tentación y nos libre del mal". Esto es lo que debe hacer también usted misma ofreciéndose del todo y continuamente al Señor con este fin. (Padre Pío; Epistolario II, p. 70)