La vanagloria es un enemigo que acecha sobre todo a las almas que se han consagrado al Señor y que se han entregado a la vida espiritual; y, por eso, puede ser llamada con toda razón la tiña del alma que tiende a la perfección. Ha sido llamada con acierto por los santos carcoma de la santidad. (Padre Pío; Epistolario I, p. 396)
