Grande, poderoso en sus dones, admirable, es el Espíritu Santo. (…) Has visto el poder que ejerce en el mundo entero. Que no te quedes a ras del suelo, sino elévate hacia el cielo. Sube en tus pensamientos al primer cielo y contempla las miríadas de ángeles que allí están. Si puedes, sube con tus pensamientos a mayor altura. Contempla los arcángeles, contempla a los espíritus, mira las Virtudes, (…) las Dominaciones. Dios ha dado al Paráclito como Señor y santificador de todos ellos.
Necesitan de él Elías, Eliseo e Isaías entre los hombres. Entre los ángeles, Miguel y Gabriel. Ninguna de las cosas creadas le iguala en honor. Todas las clases de ángeles y todos los ejércitos juntos no tienen comparación con el Espíritu Santo. A todos ellos eclipsa la potencia sumamente buena del Paráclito. Si alguno de ellos es enviado a realizar un ministerio (Cf. Heb 1, 14), escruta las profundidades de Dios, como dice el Apóstol “El Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios. En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Cor 2,10-11).
Martes, 29 De Septiembre : San Cirilo de Jerusalén
Written on 09/29/2026